Porque la certificación EDGE llegó para quedarse en Chile

El ámbito de certificaciones de construcción sustentable en nuestro país crece a pasos agigantados, siendo reflejo de un rubro de la construcción cada vez más preocupado del cuidado del medio ambiente, el confort y bienestar de los usuarios que ocupan los edificios y la eficiencia de los recursos naturales. En este contexto aparece un nuevo estándar que podría complementar lo que ya está ocurriendo en nuestro territorio.

En Chile el rubro de las certificaciones de construcción sustentable está dominado por dos sistemas importantes, que son LEED y CES, ambas dominan más del 90% del mercado. La primera, LEED (Liderazgo en Energía y Diseño Mediombiental), depende del USGBC en Estados Unidos y se focaliza principalmente en los edificios de oficina y del retail como centros comerciales y tiendas, trabajando con marcas tan importantes como Mall Plaza, Santander y Parque Arauco. Este posee más de 400 proyectos registrados en el país, siendo el tercero en América Latina en número de iniciativas.

La segunda, CES (Certificación de Edificio Sustentable), es una instrumento chileno que se enfoca en los edificios de uso público. A pesar de que aplican tanto del sistema público como de la empresa privada, los proyectos que han desarrollado éste estándar se relacionan principalmente a instituciones estatales como municipios, el Ministerio de Obras Públicas o el Ministerio de Justicia, siendo los edificios más certificados las escuelas públicas. Hasta el momento se han registrado más de 200 proyectos.

A falta de una certificación de vivienda sustentable, actualmente en formulación por parte del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, sin fecha de que aparezca todavía en este ecosistema, la certificación EDGE (Exelencia en Diseño para Mayores Eficiencias) se muestra con mucho potencial para trabajar en el rubro del sector residencial. Este estándar depende del departamento IFC del Banco Mundial y se focaliza en tres parámetros principales, el consumo energético, el consumo en agua y la energía incorporada de los materiales. En estas tres dimensiones la certificación solicita un 20% de ahorro.

Las fortalezas del sistema corresponden a una simpleza y legibilidad que permiten evaluar los consumos de un edificio de manera rápida, esto debido a que la certificación facilita un software adaptado a la realidad de cada país, que analiza el proyecto y concluye resultados de manera automática. Estos números que arroja la aplicación se calculan en base a criterios de sustentabilidad que estaría trabajando el edificio, en dimensiones como la materialidad utilizada, la envolvente, los sistemas de climatización, la iluminación, ventilación y otros. Los resultados ayudan a los desarrolladores de los proyectos a tomar mejores decisiones al calcular los ahorros correspondientes en las cuentas de los servicios básicos y el tiempo de amortización de la inversión.

Esta certificación opera en más de 130 países con un gran éxito en América Latina. En el sub continente ya se han certificado proyectos en Costa Rica, Colombia, Argentina, Perú, México y Brazil. En nuestro país se abren excelentes oportunidades para trabajarla ya que en el sector residencial se necesitaba una certificación que respondiera a las necesidades que tiene el sector y que fuera fácil de aplicar. Este sector crece año a año a niveles muy atractivos, el año 2017 se obtuvieron permisos de edificación para construir 14 millones de m2 según cifras de la Cámara Chilena de la Construcción, de los cuales el 81% es para un uso residencial, por tanto estaba la necesidad de abordar el tema de la construcción sustentable en este ámbito.

Nosotros como consultora trabajamos esta certificación por lo dinámica y accesible que es, y creemos que revolucionará el mercado de las certificaciones de construcción sustentable de Chile en los próximos años.

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