Gran Valparaíso: desafíos y oportunidades en relación a la construcción sustentable

El  Gran Valparaíso y su necesidad de generar nuevos barrios, ha tenido un exponencial  desarrollo inmobiliario con escasa visión sostenible, lo cual conlleva el desafío de construir ciudades con características de desarrollo sustentable tal como en otras partes del mundo.

Concón, Valparaíso.

Cuando uno recorre los nuevos polos de crecimiento inmobiliario de la V Región, como Curauma en Placilla, bosques de Montemar en Concon, o Gomez Carreño en Viña del Mar, se observa un déficit que tiene el rubro de la construcción respecto de parámetros de sostenibilidad que se abordan hoy a nivel mundial a partir de metodologías como la Certificación Leed. Por lo anterior, se plantean tres desafíos y oportunidades que tiene este ámbito tan importante para su relación con la ciudad y el medio ambiente.

El primer punto, es lo más visible y se relaciona con el entorno que se construye en estos polos inmobiliarios, donde los espacios públicos y/o de esparcimiento no incentivan el uso peatonal del barrio, con una escasa continuidad en la infraestructura de aceras, donde además las existentes son estrechas para la cantidad de personas que circulan. Tampoco se han implementado ciclovias,  la forma de traslado mediante uso de bicicleta resulta cero emisión de CO2, por tanto no hay contaminación para el medio ambiente. Sería un aporte considerable que los nuevos barrios tuvieran un desarrollo sustentable, mejorando las circulaciones peatonales y construyendo vías especiales donde ciclistas puedan llegar a los servicios desde las zonas residenciales y así desincentivar el uso del automóvil para trasladarse, también sería una contribución considerar bicicleteros en las afueras del comercio establecido así como en los proyectos inmobiliarios que se construyen. Los beneficios de ciudades más peatonales traspasan lo ambiental, mejora los lazos entre la comunidad y la salud de los vecinos al estar haciendo actividad física para trasladarse, además de activar económicamente las calles donde se aplican estos criterios como señala la institución Brooking a través de su estudio Walk this Way, donde se concluye que los lugares caminables urbanos poseen una economía más activa que los no caminables. Caso reciente y emblemático, que va en esta línea es por ejemplo la ciudad de Madrid, su ayuntamiento reformó la calle Gran Vía este año donde peatonalizó sus flujos, eliminando carriles de tráfico para cederlos a los peatones, ampliando las aceras.

Curauma, Valparaíso.

El segundo punto se remite a la restauración del hábitat en los terrenos donde se construyen los edificios. En zonas como Bosques de Montemar los proyectos inmobiliarios conviven cercanamente con los campos dunares de Concon, santuario de la naturaleza, donde ha disminuido la superficie que hace un par de décadas gozaba de un tamaño mucho mayor. Lo mismo ocurre con el sector de Curauma en Placilla donde antes de su urbanización habían bosques en la zona circundante al tranque Laguna de la Luz, y los mismos vecinos se han movilizado últimamente para resguardar áreas verdes que quedan.  Por consiguiente el desarrollo inmobiliario debería ocuparse de preservar parte del hábitat circundante, así como generar propuestas concretas asociadas a la incorporación de coberturas de árboles y vegetación, implementados con flora nativa en las cubiertas de los edificios, en los techos de los estacionamientos o en zonas disponibles para ello. Esta propuesta serviría también para un mejor aislamiento del confort interior del departamento y reducir las escorrentías de las aguas lluvias; además de disminuir la isla de calor que ocurre en esas zonas, fenómeno que aumenta a medida que prolifera el uso del cemento en las ciudades. El uso de la naturaleza es fundamental para equilibrar la temperatura tanto del interior de la edificación como del entorno, caso destacable es el Parque Titanium en Santiago, proyecto certificado LEED, que construye un parque público de 4 hectáreas en los alrededores de tres torres de oficina. Este cuenta con la cubierta verde más grande de Chile llamada Llareta de doble curvatura, cumple la función de evacuar las aguas y continuar el lomaje de los parques existentes.

El tercer desafío y último es el aprovechamiento de los recursos naturales que existe para la generación energética de los edificios. Es escaso ver en los conjuntos habitacionales de reciente construcción en las zonas antes mencionadas paneles fotovoltaicos para atraer la energía solar y utilizarla para usos eléctricos de los hogares. Según el Banco Mundial el consumo de electricidad en las últimas tres décadas se ha triplicado en Chile, y pasó de 974 kilowatts per cápita en 1984 a 3.911 en 2014. Todo apunta a que el consumo energético seguirá creciendo en los hogares a futuro, por tanto la eficiencia en la manera como utilizamos nuestros recursos naturales, como la energía solar será muy necesario. Tecnología como la bomba de calor por tierra, para la climatización de los espacios interiores de la vivienda, también será importante incorporar dentro de los proyectos inmobiliarios, se ha comprobado que es una de las metodologías más eficientes energéticamente para calefaccionar un espacio. Estos tres puntos hablan de acoger estándares internacionales de construcción sustentable como lo establecen las certificaciones LEED, BREAM, EDGE, DGNB y otras, que hoy en día son criterios voluntarios en nuestro país pero probablemente en un futuro cercano eso vaya a cambiar, las conclusiones del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPPC) en su último informe son categóricas, si no se toman drásticos cambios y recortes en las emisiones de gases va a ser imposible llegar a la meta de aumento máximo de 1,5º grados al año 2030. En el caso del Gran Valparaíso, la ciudad seguirá ampliándose, según un estudio de Atisba la urbe aumentará su tamaño un 5,9% de población para el 2022 y se espera que supere los 1,2 millones de personas para esa fecha, por tanto conviene ir acogiendo criterios de sustentabilidad desde ya. Ejemplos como la inmobiliaria Las Salinas con su proyecto del mismo nombre en Viña del Mar, primer barrio con Certificación LEED en Chile, son casos a destacar, y esperemos sea la tónica a futuro para el desarrollo inmobiliario del Gran Valparaíso